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Reflexión II

Reflexión II – Las nuevas tecnologías en la educación I

Reflexión II – Las nuevas tecnologías en la educación I link


Desde que se generalizó el uso de las nuevas tecnologías informáticas, ha habido un aumento vertiginoso en la implantación de estos recursos en la sociedad a todos los niveles. Más aún, ha aparecido una devoción casi religiosa hacia dichos medios. Se debería abrir un serio debate sobre el impacto que ha tenido y está teniendo este hecho en los diferentes ámbitos de la cultura.

No hay ninguna duda de las numerosas ventajas que proporcionan estos métodos: la rápida comunicación, la supresión de las tareas tediosas y repetitivas que antes se debían realizar manualmente, el flujo constante de información… entre muchas otras. No obstante, bajo mi punto de vista, hay todavía bastantes aspectos problemáticos si no oscuros a resolver.

Quisiera analizar algunos de ellos que he ido recogiendo durante mi carrera docente. En primer lugar, creo que se impone una crítica sobre el conocido postulado «la sociedad de la información».
Es cierto que el «internet» es un espacio virtual repleto de ideas y conocimientos. Sin embargo, la crítica que a mi juicio se impone, es si toda esa masa (en el sentido estricto del término, ya que es masiva) de información es verídica y contrastada. Si nos referimos al saber en general, se requiere la duda. ¿Cuál es el origen de ese contenido? ¿Quién lo firma? ¿Es un autor con el nivel requerido? ¿Es un aficionado? ¿Hay intenciones político-económicas en esos escritos?

Con un ejemplo un tanto extremo se podría aclarar mi postura. Se trata de un caso real que ocurrió en una de mis clases; un trabajo en grupo sobre un tema propuesto, sobre el cual los estudiantes debían buscar información en la red, para ser después debatido entre ellos y ofreciendo una presentación al final de la realización de dicha tarea. Se dio la circunstancia que algunos alumnos obtuvieron la información de un sitio web (un blog) realizado por estudiantes de otra escuela del mismo nivel académico. No es necesario decir que dicha «fuente de información» estaba repleta de errores de contenido, su redacción era realmente pobre y la ortografía mostraba numerosos errores.

La conclusión general a la que se puede llegar partiendo de ejemplos como el anterior es clara. Se debe dudar por sistema de el «saber» obtenido en el «internet» o debe ser contrastado por un experto. Más aún, las fuentes de información deberían ser fieles y fiables, por ejemplo un libro elaborado por un experto en la materia y no cualquier texto que no tiene autoría. Disponemos de los mejores libros que se han escrito nunca, de científicos, escritores, filósofos, poetas, músicos... preferibles a la pseudo-información que muchas veces proporciona la red de redes. Por otra parte, también se puede recurrir a un buen libro de texto, digital, como ahora se llama, o en papel. Para finalizar esta primera parte de mi análisis, decir que se impone ofrecer a los estudiantes buenos textos, de calidad, bien escritos y elaborados por autores reconocidos.

David Manzanares Viles 14/2/2020