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Reflexión I

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Reflexión I: innovación educativa

Ahora que estoy en la última etapa de mi carrera como docente, es cuando la experiencia acumulada por la práctica de esta profesión, me facilita analizar diversos factores relacionados con el arte de enseñar de una forma más clara. En un mundo que cambia aceleradamente, la escuela se ve afectada y abrumada por este fenómeno. Empezaría con el concepto de innovación educativa. Este término aparentemente inofensivo, se debería meditar con profundidad. Según la RAE, la definición de innovación es “Mudar o alterar algo, introduciendo novedades”. Si hacemos una lectura superficial de este concepto aplicado a la educación, probablemente lo consideríamos positivo y original. Sin embargo, si repasamos la historia de las civilizaciones, la introducción de innovaciones ha sido y sigue siendo una de las características más importantes del espíritu humano, por lo tanto no es algo novedoso. Más aún, hay una pregunta fundamental que surge de inmediato: ¿Lo nuevo que se introduce es positivo, es decir amplia el saber? ¿Fomenta el uso de la razón? ¿Es fruto de una intuición basada en la razón? Un ejemplo actual: el impulso desde los planes de estudio de la enseñanza significativa, es decir la que tiene una base empírica, práctica. En las versiones más radicales de este modo de aprendizaje se rechaza o se relega la teoría a la mínima expresión, priorizando la parte más práctica. Según la RAE, la teoría es el «Conocimiento especulativo considerado con independencia de toda aplicación». Porlo tanto, implica el desarrollo de la intuición y de la imaginación. Por ejemplo, citemos un caso muy conocido: Albert Einstein, con su poderosa intuición, formuló teorías de sobras conocidas, que contradecían la física de su tiempo, hasta tal punto que algunos sectores académicos las rechazaron por completo. No es de extrañar, ya que desmentía al gran Isaac Newton. Pues bien, cien años más tarde, muchas de sus afirmaciones se están demostrando experimentalmente. De aquí se podría deducir que la teoría es fundamental para el avance del conocimiento. Fundamental, no solo para innovar sino para aprender lo que ya está demostrado por la ciencia y por otras disciplinas. La teoría bien aprendida implica una actividad mental de gran magnitud: imaginación, deducción, anticipación, creatividad y algo que es en mi opinión muy importante: la capacidad de razonar y en definitiva de pensar correctamente. Por lo tanto creo que es necesario enseñar el modo de expresar el conocimiento teórico a la juventud, utilizando un vocabulario preciso i formulando proposiciones que sean lógicas (es bastante común el tono coloquial y a veces ilógico de textos que se redactan en las pruebas o exámenes por parte de algunos alumnos). Luego queda la parte práctica, indispensable para verificar las hipótesis formuladas. Sin embargo, la parte empírica de muchos conocimientos que se enseñan a los jóvenes es impracticable, ya que no se dispone de los medios para llevarla a cabo, o directamente resultaría inviable debido a su alto coste económico. También es cierto que teoría-práctica puede ser reversible, es decir que se puede partir de lo teórico para llegar a lo práctico y viceversa. Conclusiones:

  • El conocimiento teórico es fundamental para el aprendizaje.
  • La teoría debe experimentarse siempre que sea posible.
  • La teoría no solo es substancial para aprender conocimientos ya demostrados, sino que también abre la puerta a los jóvenes a la imaginación y a la anticipación de nuevas ideas.

Para terminar quisiera decir que creo que algunas de las teorías (también teorías, porque no están demostradas) de algunas corrientes pedagógicas actuales deberían ser revisadas rigurosamente ya que crean confusión y más aún, se están apoderando sutilmente del espacio educativo en toda Europa pero este fenómeno da pie para un libro entero.  ©David Manzanares Viles 2019